Zapata cabalga de nuevo en Cuernavaca: monumental homenaje en su tierra natal
En el corazón del Zócalo de Cuernavaca, el general Emiliano Zapata Salazar volvió a cabalgar. Esta vez no en los surcos del campo ni en las trincheras de la Revolución, sino desde lo alto de una monumental escultura ecuestre que desde hoy vigila, firme y silencioso, la plaza principal de Morelos.
La figura, de 5.5 metros de altura, 9.5 de largo y un peso de 5.3 toneladas, fue reubicada y develada en el marco del 146 aniversario del natalicio del Caudillo del Sur. Su presencia imponente no solo domina visualmente el centro histórico, sino que marca un nuevo punto de referencia para la identidad morelense.
Durante la ceremonia, la gobernadora Margarita González Saravia destacó el profundo simbolismo que representa este homenaje:
“Zapata es un símbolo para Morelos pero también es un símbolo universal. Tenerlo aquí, en la plaza principal de nuestro estado, ha sido una decisión muy importante, que tiene que ver con el rescate de nuestra identidad, nuestra cultura, nuestras raíces…”
La gobernadora, no solo miró hacia el pasado revolucionario, sino que trazó un puente hacia el presente. “Fue un hombre que luchó por el bien de los más pobres, de los campesinos, de los que vivían en la injusticia… En un gobierno como el nuestro, que está luchando contra la injusticia y que quiere ayudar a la gente del campo y a las comunidades indígenas, es un símbolo que nos pareció muy importante”, afirmó.
El bronce y el arte se fundieron para rendir tributo a un hombre cuya lucha trascendió las fronteras de su estado natal. Aunque Zapata operó en territorio morelense, recordó González Saravia, su legado “fue en todo México y el mundo, por la coherencia que tuvo con sus ideales y sus principios hasta el último momento de su vida”.
La escultura no solo busca admiración, sino también reflexión. A decir de la gobernadora, su presencia permanente en el Zócalo será “un recordatorio constante de la importancia de este gran héroe morelense y mexicano que fue Emiliano Zapata Salazar”.
El bronce reluce, el caballo se alza en galope detenido, y Emiliano Zapata, una vez más, está donde debe estar: entre su gente, en la tierra que lo vio nacer, y ahora también, en el centro de su memoria viva.


